CORRUPTOS, CORRUPCIÓN Y CORRUPTELA

CORRUPTOS, CORRUPCIÓN Y CORRUPTELA

Podríamos decir que el ser humano es corrupto casi por naturaleza. Y ladrón, también. Y egoísta.

Como la mayoría de los animales, piensa primero en sí mismo por una cuestión de supervivencia. Luego, es la educación la que le va a enseñar que hay que ser honesto, que no se debe robar y que hay que compartir. Eso en el mundo. Lamentablemente en la Argentina, además de los consejos del Viejo Vizcacha y eso de hacerse amigo del juez, también está la convicción de que “el que no llora no mama y el que no afana es un gil”. ¡Visionario y didáctico Discepolín!

Si no entendemos que nuestra triste realidad está plagada de convicciones alejadas de los valores y fundadas en que “el dinero no hace la felicidad, pero calma los nervios” y que “vergüenza es robar y que te descubran” o que, aunque sea con la mano, gol es gol y listo, es muy difícil que podamos cambiar las cosas.

La única solución que ha encontrado la sociedad para contrarrestar las tendencias se llama sanción, castigo, punición… ¡ley!

El problema de la sociedad no es la corrupción, es la IMPUNIDAD.

Si una persona roba y así como entra a una comisaría sale a los dos minutos en esta costumbre que se ha dado en llamar “justicia puerta giratoria”, será más que difícil revertir la tendencia natural y la corrupción, el robo y el egoísmo andarán lo más campante.

Cabe advertirse que al hablar de robos no solo nos referimos a los que salen de caño, a los motochorros, a las entraderas, salideras, escruches y demás delitos a cargo de perejiles que, si bien siembran inseguridad y terror, no son más que la puntita evidente del iceberg de los corruptos.

Hay que apuntar más alto ¡Mucho más alto!

Podría pensarse que quizás sea conveniente, más que andar buscando la quinta pata al gato, el pelo a la leche, las rutas de los dineros improbadas e improbables, si la firma del contrato tal o cual le generó una cometa de tanto o cuánto a Fulano, disponerse a barajar y dar de nuevo.

En vez de un decreto de necesidad y urgencia, hay que proponer una ley que establezca que el que roba durante su gestión pública va preso sin más vueltas que un juicio SUMARÍSIMO. Y además de devolver lo que robó, deberá responder con sus bienes hasta cubrir el último centavo del daño causado.

Si un ladrón disfrazado de empresario, usurpador de los honores de los empresarios que hacen las cosas bien, ofrece una coima y se la acepta, como decía Sor Juana Inés de la Cruz, van en cana los dos: “el que peca por la paga y el que paga por pecar”.

Esto incluiría, sin dudas, a fiscales y jueces. Los incluiría MUY ESPECIALMENTE. Así como si una violación la comete el padre es un agravante, si las cometen fiscales y jueces sería INFAMEMENTE AGRAVANTE.

PARA TERMINAR CON LA CORRUPCIÓN HAY QUE ACABAR CON LA IMPUNIDAD. MUERTO EL PERRO SE ACABÓ LA RABIA.

Pero quien decide quién es culpable y quién no, ES LA JUSTICIA.