EL SISTEMICO PROBLEMA DEL RACISMO EN EEUU

EL SISTEMICO PROBLEMA DEL RACISMO EN EEUU

Por Mauricio Francolino

Estadounidenses, residentes en Argentina, ofrecen su mirada sobre el racismo en su país y en nuestra sociedad. Los datos de pobreza, desempleo y encarcelamiento de personas negras muestran parte de la sistematicidad que este problema ocupa en el gigante norteamericano. A nivel nacional no estamos exentos al tema, donde se lo puede denominar como “racismo por apariencia”. En el léxico argentino la palabra negro discrimina por igual a pobres, villeros, indígenas o trabajados rurales.

En Wisconsin, Estados Unidos, se dieron nuevas protestas para reclamar justicia por el brutal ataque contra el afroamericano Jacob Blake, quien fue baleado a quemarropa por la policía el pasado domingo mientras intentaba subir a su auto. Según sus familiares esto le produjo una parálisis en la parte inferior del cuerpo. El incidente se produce cuando esa sociedad aún tiene muy presente el asesinato de George Floyd en Mayo pasado. Las movilizaciones contra el racismo y la violencia policial se replicaron en varias ciudades del país, donde el movimiento Black Lives Matter sigue a la orden del día.

Los mencionados hechos son parte de una problemática histórica del flagelo racista en EEUU y para abordarlo entrevistamos a 20 ciudadanos norteamericanos que viven en Argentina, quienes, en un 90%, calificaron a la discriminación racial entre “extremadamente presente” y “muy presente” en su sociedad.

En Estados Unidos la comunidad afroamericana conforma el 13% de la población, pero representa el 23% de los pobres. Otros datos que ayudan a comprender el racismo sistémico son los que difundió la BBC, en base a información de centros de investigación y estadísticas gubernamentales, y que indican que los negros tienen el doble de probabilidad de estar desempleados y de mortalidad infantil en comparación con los blancos. En temáticas de seguridad y justicia tienen el duplo de posibilidad de morir en enfrentamientos con la policía, y una tasa de encarcelamiento seis veces mayor.

Los estadounidenses entrevistados por este medio coincidieron -casi por unanimidad- sobre lo “sistémico” del racismo en su país. La diversidad de sus voces, provenientes de 11 Estados (California, Connecticut, Florida, Minnesota, Missouri, New Jersey, New York, Ohio, Oregon, Texas y Wisconsin), permite comprender mejor lo federal del problema racial. En la actualidad, la mayoría de ellos reside en Ciudad de Buenos Aires y en localidades de las provincias de Córdoba, Mendoza y Santa Fe.

Sobre la desigualdad entre blancos y negros, Alli Ugosoli de Connecticut expresó: “Esto ocurre desde la educación, la atención médica y hasta la libertad de hacer lo que los blancos pueden hacer sin temor”.

“En mi país tenemos diferentes niveles de racismo dependiendo del lugar donde estés”, afirma Brittany Hopkins, una californiana que vive con su familia en Buenos Aires. Y ejemplifica: “Soy mitad negra y mitad blanca con piel morena, y en mi experiencia las principales ciudades son más seguras y acogedoras de las minorías que los pueblos pequeños”. 

Una encuesta reciente de la Universidad de Monmouth muestra que el 76% de los estadounidenses reconoce a la discriminación racial y étnica como un gran problema; y más de la mitad de los encuestados cree que las relaciones raciales han empeorado desde que Donald Trump asumió la presidencia.

En cuanto a hechos concretos de discriminación, una mujer de Florida (que pidió reservar su identidad) contó la siguiente historia: “Estaba con mi hermana, ambas visiblemente embarazadas, en el cajero de un banco y fuimos hostigadas por un hombre blanco de mediana edad y su hija adolescente”. Cuando el esposo de su hermana regresa junto a ellas, el hostigador sube a su auto y les grita: “Migraciones y Trump los echarán a todos".

Otro caso es el de Frieda Powell quien relató: “Tengo dos primos negros adoptados que viven en Minneapolis (ciudad donde el policía blanco asesino a George Floyd). Estaba en el tren interurbano con ellos y otro primo blanco. Adivina ¿a quién le pidió el boleto la policía?”. Y agregó: “Conozco otros ejemplos más fuertes sobre embarazo adolescente y adicción a las drogas, pero no me siento cómoda para compartirlos ya que no son mis historias”.

En tanto Nicolas Allen, nacido en Oakland, cuenta su vivencia en un “barrio mixto” donde “los adolecentes negros siempre eran vistos de manera sospechosa, y con frecuencia eran detenidos arbitrariamente por la política”.

En Estados Unidos se utiliza la palabra “black” (negro) para referirse a los afrodescendientes mientras que en Argentina también engloba de forma despectiva a pobres, villeros, comunidades originarias, trabajadores rurales y a cualquier persona con piel oscura.

Desde el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) definen al racismo “como una forma de discriminación centrada en diferencias biológicas, reales o imaginarias, que se hacen extensivas a signos o indicadores culturales o religiosos. Constituye una ideología que apeló a la biología para establecer relaciones jerarquizadas de desigualdad entre grupos humanos”.

El Doctor en Ciencias Sociales e investigador del CONICET, Sergio Caggiano, expresó a este medio que “la dimensión racial y el racismo en Argentina tiene que ver, por la mitificación del crisol de raza blanca, con lo no blanco. Es decir, es una forma de racismo que opera por la negativa, discriminando y sojuzgamiento a aquellos que no entran en la fantasía blanca de las clases medias urbanas como lo negro, lo indio, lo afro, lo rural, lo campesino, lo andino”.

Lo define como “un racismo por apariencia, que no se configura por el origen racial, la descendencia o la sangre, como el famoso porcentaje de gota de sangre estadounidense”. Y agrega que el racismo en “Estados Unidos es una categoría política explicita”, y que a diferencia de Argentina les “permite estructurar su política”.

La mayoría de los norteamericanos entrevistados por este medio consideran que la discriminación racial está presente en sociedad argentina, aunque tienen matices en cuanto al grado de penetración. Entre los objetivos más atacados observan a las clases bajas, los pueblos originarios, las comunidades de países sudamericanos (Bolivia, Perú y Paraguay), los chinos y a los senegaleses.

“Cualquiera que parezca tener un estatus socioeconómico más bajo entraría en la categoría de negro. Es el código para menor”, señaló Frances, una texana que vive en el barrio porteño de Caballito. En la misma línea, otro estadounidense expresó: “Hay una retórica racista arraigada en muchos argentinos que muestra a la clase baja compuesta de ladrones o familias perezosas que prefieren vivir del Estado”. Y sentenció: “Argentina es una sociedad muy clasista”.